“Transiciones” para superar “adicción” a hidrocarburos

Por Alejandro Zegada

La alta vulnerabilidad de Bolivia y Latinoamérica a los impactos externos, que hoy en día se expresa en el desplome del precio del petróleo y su consiguiente impacto en la economía nacional y regional, así como los cada vez más notorios efectos del cambio climático, han llevado a los investigadores Gerardo Honty y Eduardo Gudynas, del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), a plantear una serie de “transiciones” para superar lo que ellos llaman una “adicción” regional a los hidrocarburos.

Honty y Gudynas explican este nuevo concepto de “transiciones”: “Entendemos las transiciones hacia las alternativas al desarrollo como un conjunto de políticas, estrategias y acciones que abordan los impactos y problemas del desarrollo convencional actual, y tienen el propósito de encaminar una salida a esa condición, encaminadas bajo dos condiciones: la erradicación de la pobreza y la preservación de la naturaleza”.

Esto significa analizar el problema del cambio climático, en todos sus componentes, “desde la adicción a los hidrocarburos a la deforestación, entendiéndolos como parte de estilos de desarrollo convencionales”, detallan los expertos.

La idea convencional de desarrollo está basada en la idea de un progreso que imita el estilo de vida y de consumismo de los países desarrollados, y “se nutre de las riquezas ecológicas del continente, y que no encuentra obstáculos a la vista”. Gudynas y Honty consideran que “el cambio climático actual es una consecuencia directa de esa cultura anclada en el progreso. Por lo tanto, cualquier alternativa sustancial ante ese problema requiere abordar esas bases conceptuales del desarrollo”.

En este sentido, las transiciones implican cambios en la economía y política nacional y regional, “para abandonar la dependencia extractivista y la adicción a los hidrocarburos”.  En lo relativo a la energía, los investigadores proponen que el objetivo debiera ser asegurar la disponibilidad de energía para la satisfacción de las necesidades humanas de manera sustentable, es decir “para siempre”. O sea, “lograr una matriz energética que solo dependa de fuentes renovables utilizadas de manera que garanticen su renovabilidad”.

Pero mientras este largo proceso de cambio de fuentes de energía se consolida, Gudynas y Honty proponen una desvinculación selectiva de la globalización así como buscar consolidar un regionalismo autónomo. Esto supone, en primer lugar, un redireccionamiento del uso y del comercio de los hidrocarburos. “El destino de esos hidrocarburos será distinto al actual, que está basado en casi todos los países en exportarlo hacia los mercados globales. En el presente esto ocurre con las extracciones que tienen lugar en Colombia, Ecuador y Perú, mientras que el gas natural boliviano es enviado hacia Argentina y Brasil”, explican los investigadores.

En cambio, según la propuesta de las transiciones la prioridad en el uso de esos hidrocarburos serán las necesidades nacionales en primer lugar, y luego las regionales. Esta medida transicional, indican Gudynas y Honty, “es una desvinculación selectiva de la globalización, ya que se abandonan los patrones exportadores actuales, donde los hidrocarburos son enviados a mercados globales, y en muchos casos se vuelven difícil de precisar su destino final. Esto le ha sucedido, por ejemplo, a Ecuador en su venta de crudos a empresas chinas pero que terminaron siendo usados en los Estados Unidos, por corporaciones de ese país”.

Otra medida transicional constituye reducir moderadamente el volumen de hidrocarburos disponibles, principalmente los destinados a exportación: “A los efectos del consumo nacional o regional esto no significa que se reduzca su disponibilidad a nivel nacional, ya que en la actualidad la mayor parte de esos hidrocarburos son exportados fuera de la región. Entonces, si bien los volúmenes serán menores, estos pasarán a estar disponibles para el consumo nacional y regional”.

Esto, detallan los expertos, tiene consecuencias muy importantes. En primer lugar, permitirá ganar tiempo para introducir reformas en el patrón de consumo de hidrocarburos y en desarrollos fuentes alternativas. Al restringir el consumo a las necesidades nacionales y regionales, el tiempo de disponibilidad de esos hidrocarburos se prolongará, “evitando así una crisis rápida, en corto plazo, y más o menos repentina por la caída en hidrocarburos”.

En segundo lugar, esta medida permitirá tener más tiempo para introducir “nuevas carteras de inversión para la reconversión energética, diseñar e instalar fuentes  alternativas de energía, como puede ser la energía eólica, e introducir cambios que afecten la demanda de combustibles. Con ese tiempo ahora disponible, todos estos países estarán en mejores condiciones para lidiar con el agotamiento de los  hidrocarburos, y evitar así una crisis”.

Entre otros puntos importantes propuestos por los citados expertos está también la introducción de cambios en el patrón de consumo de hidrocarburos, donde por ejemplo se priorice transporte público, se promueva un abandono progresivo del automóvil personal, se mejore los transportes necesarios (ambulancias, bomberos, camiones, etc.), y se prioricen los usos industriales relevantes.

“Estos cambios no son sólo políticos, en el papel de los gobiernos, sino que necesariamente imponen transformaciones culturales importantes. Son modificaciones sobre nuestras apetencias de consumo o los sobrentendidos de la calidad de vida. Las transiciones deben ser, por lo tanto, profundamente democráticas. Pero eso no impide reconocer que son urgentes, deben ser sustanciales, y es necesario iniciarlas cuanto antes”, concluyen Honty y Gudynas.

Publicado el 18 de enero de 2015 en El País (Tarija, Bolivia).